Era ese momento en que nada tenía solución, ni siquiera alterar el curso de las mareas de forma estrepitosa iba a calmar su estado. Sabía que solo podía sentir y esperar... y por seguir disfrutando de condiciones humanas, visualizar sus deseos para que se hiciesen realidad, había ecos que le recordaban lo mal que estaba sentir eso, pero por ahora eso era lo que había y latir al compás del odio era una fase nueva que a nuestra luna le daba un aspecto distinto y digno de observación.
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