miércoles, 15 de enero de 2014

Pálida indignación

Solo era una niña. Una niña solo, asustada, malherida y hambrienta. Con ese hambre que ni el más selecto manjar podía calmar. Su hambre no entendía de dobles juegos ni de disfraces, ni de hipocresías inventadas por adultos con niños muertos en su interior.. Nuestra niña sabía que su camino era largo, arduo y solitario. Hasta encontrar la fuente donde poder saciar su necesidad. Quizá la encontrase en una sonrisa limpia, o en unas manos fuertes o en una mirada directa y sincera o... en nadie y tendría que seguir sola,continuaría con ella misma como sombra y con su hambre como razón vital. O no tan sola, nuestra niña no sabía que en las noches la luna la seguía a veces susurrando y otras gritando "no estás sola, yo camino y busco contigo y siento pena porque mi palidez no pueda mostrar mi indignación al sentir tu hambre que ya también es la mía".