lunes, 3 de noviembre de 2014

Fortuito

Nix se volcó de nuevo imponiendo su presencia e indicó a la luna su aparición. No era su mejor momento, el de nuestra luna, pero sabía que si quería seguir formando parte del mundo de Nix, no había más remedio que obedecer y acatar. Así que la luna sin cuartos y sin ganas ocupó su puesto y deseó que el espacio fuera corto, para poder recogerse de nuevo y practicar el placer de no hacer nada. Entrecerró los ojos y el hijo de Nix aprovechó ese instante para envolverla. Fue entonces cuando apareció, invadiendo con su presencia e indicando a la luna que lo dejara todo para atenderle. Atender a viejas imágenes archivadas que llenaban los cajones de entusiasmo, desapareciendo el olor a naftalina, regresando el aroma de la cercanía y la confianza. Sensaciones que sólo la ingenuidad presta. Tán cerca... Justo entonces, la alborada empujó a Nix y el zarandeo despertó a la luna que necesitó acurrucarse.

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