martes, 25 de febrero de 2014

Influjo maternolunar

El amor, motor genérico y cósmico movió de nuevo sus resortes nunca en descanso, y consiguió sus casi siempre proyectados sueños.
Se centró y concentró específicamente en ella, como en cualquier otro ser cuando se trata de hacer de las suyas, y esta vez las suyas eran muy suyas... y muy de nadie, asuntos del corazón y las entrañas que no se pueden atar para no romper el vínculo, vínculos invisibles/visibles, tocables/intocables/, certeros/antagónicos, pero no eternos/efímeros.
El impulsor universal le susurró al oído "hoy me estoy empeñando contigo, ahí la llevas", y un fruto de sus entrañas subió al proscenio a enfrentar el león del miedo, y el león pasó de ser enemigo feroz y hambriento a enemigo feroz con el hambre colmada de la esencia de su garganta y de su vencido miedo, que en ese momento necesitó dormir...entonces, llegó ella, "aún hay más" el susurro continuó. Alguien, que en su momento también compartió entrañas con ella apareció en el mismo escenario donde el miedo dormía y la música ocupaba. Y se abrazaron y besaron con la gana que solo el amor te da y bajaron a un patio de butacas a entrelazar sus manos para escuchar de nuevo como la garganta, ya menos temerosa, volvía a lanzar lo que su cuerpo necesitaba. El influjo de la luna no era ajeno a todo esto. Ni a nada.

1 comentario:

  1. La luna mueve mareas y remueve entrañas. Observa impávida nuestras obsesiones y viste con luz de plata los sentimientos. Luna alcahueta que sonríe ante escenas como ésta, que alienta el aullido del lobo y cabalga sobre espumas de sal. Que esa Luna, enigmática para el poeta, diosa Ceres para el romántico, guía de selenitas sonñolientos siga alumbrando tus palabras. Hay que dejarse llevar por ella y que salga el sol por... o mejor no, que ese rubio melenudo tiene la mala costumbre de acabar con los mejores sueños.

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