sábado, 8 de febrero de 2014

Capricho de dioses y satélites

Y de nuevo estaba allí, él,como cada día, pero aquél era distinto, porque él se mostraba especialmente juguetón. Empezó desde por la mañana en clase donde él, poniéndole "caritas", reclamaba sus caricias y ella más tarde se las concedió, cogiendo su cara entre las manos y consiguiendo que al compás de su roce él se durmiera, al poco ella también dormía a su lado,con una sensación de "que no acabe nunca". Escuchaba su respirar, la de él, a pesar de estar dormida, esa respiración que cada vez se fue haciendo más profunda hasta convertirse en una oleada de gemidos que el balanceo de su cuerpo, el de él, hacía una combinación gráfica y evidente."Sabes lo que te está haciendo ¿verdad?, te hace el amor", dijo una voz en su mente y ella, solo pendiente de aquella danza que seguía los ritmos de su alma, no se atrevía a moverse para no disipar el momento, permanecía acurrucada en aquél bienestar con la inútil intención de eternizarlo. Pero Morfeo, juguetón y caprichoso como él, emprendió la huída llevándose la alucinación onírica a otros lares, quizá hacia la luna, también veleidosa, que en ese momento quiso jugar al escondite.

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